MI COLEGA DE KUALA LUMPUR

Ya puedes decir que tu colega de trabajo está en Kuala Lumpur, y también en el pueblo de al lado. Porque de nuevo la tecnología, con el teletrabajo, se nos cuela incluso en nuestra propia casa para cambiar nuestras vidas y nuestra forma de trabajar, para facilitarnos rendir cuentas y ser productivos para nuestras compañías. Todos hemos visto este verano a más o menos gente enganchada en algún momento a sus portátiles, o chequeando algún asunto de trabajo cerca del mar o en la montaña.

El teletrabajo, dicen los expertos, es una tendencia al alza imparable. Según los últimos datos de la consultora estadounidense International Data Service, compañía de Massachussetts especializada en tendencias del mercado en tecnología, telecomunicaciones y tecnología de la información, antes de que finalice el año 2015,  el 37,2% de la población mundial activa -más de un tercio- trabajará de forma remota, especialmente en el continente asiático.

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Teletrabajo no es solo trabajar desde casa sino también desde un restaurante, un refugio o un emplazamiento desconocido. Es lo que nos trae la aplicación de las nuevas tecnologías que permiten mayor productividad y también menos costes a las empresas. También abre un nuevo modelo de relaciones en las organizaciones que hay que gestionar. Nuevos paradigmas que llegan para quedarse aunque la crisis actual también deje cierta huella en este campo.

En un informe de la compañía tecnológica NetApp, se recoge que el 87% de los directivos aprecian un aumento de la productividad de los teletrabajadores respecto a los empleados de oficina de entre el 5 y el 25%, y que 25 horas trabajando desde casa equivalen a 40 horas en la oficina. Según el INE, en España el 21,8% de las empresas cuenta con programas de trabajo a distancia. Los españoles tenemos más resistencia a no estar presentes “en nuestra silla” y “en nuestro puesto” y en poder saludarnos, y ver y ser vistos en horario laboral, que en otros países. Pero las empresas vamos a asumir  que es una nueva forma de trabajo con el que hay que contar cada vez más, que reduce nuestros costes y nos permite integrar la figura cada vez más numerosa del trabajador autónomo. Pero tenemos que idear fórmulas de gestión y control que eviten “el síndrome del pijama”, el aislamiento de estos colaboradores fomentando encuentros que establezcan ciertos vínculos con la sede de la organización y el resto de trabajadores, y en previsión de problemas de disciplina, control o rendimiento. Podemos retener talento ofreciendo mejores condiciones y flexibilizar nuestra organización.

La tecnología viene en nuestro auxilio con la comunicación –videoconferencias y otras herramientas- para fomentar esta práctica que en otros países ya despegó hace tiempo. En Reino Unido asciende a más del 90% y a un 30% en Alemania.

 

Aunque muchos cibertrabajadores, defensores de esa jornada laboral en casa, recomiendan también alternarla con la fórmula fuera: café, bollo y trabajo.