EL TSUNAMI DE LA REVOLUCIÓN DIGITAL

 

Alejandro Maceira

Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, PDD por Euroforum y Máster en Innovación y Empreneurship y en Digital Business por ESADE, Fernando Rayón acumula una dilatada carrera como directivo en gestión del agua, a nivel nacional e internacional. Actualmente es Director de Innovación de Negocio de Agbar/Aqualogy, con especial foco en “Smart Cities” y economía digital. Pocas voces más autorizadas podríamos encontrar en el sector del agua para arrojar luz sobre el camino hacia la gestión inteligente y las consecuencias de la revolución digital.

AGUA

Pregunta.- En primer lugar vamos a ocuparnos del concepto: ¿hemos explicado bien en qué consiste una Smart City?

Respuesta.- Pues yo creo que sí. Pero aún parece confuso porque lo han explicado muchas personas e instituciones diferentes, con muy distintos intereses y puntos de vista. Y así, aunque cada una de ellas lo haya explicado bien, lo ha hecho según su propia visión. Y como el mundo es grande, con muchas y muy diferentes ciudades, y cada una con muchos y muy diferentes actores, las explicaciones que se dan son necesariamente muy dispares, lo que produce cierta sensación de confusión en los receptores del mensaje.

Eso causa que haya muchos especialistas que se esfuerzan en concretar y llegar a una definición estándar, objetiva, cuantificable y única para todo el mundo. Pero, con todos mis respetos, yo creo que es un esfuerzo con escasa garantía de éxito porque, como es sabido, vivimos tiempos líquidos, en los que las fronteras conceptuales son cada vez más difusas y la tendencia imperante es más hacia la personalización y la customización que hacia la creación de esquemas rígidos, válidos para todo el mundo y en todo momento. Además, los que nos ocupamos de cerca de este concepto en particular, y de la innovación en general, sabemos perfectamente que los nuevos conceptos cada vez tienen una vida más corta y son rápidamente sustituidos por conceptos más nuevos aún, y así sucesivamente. No sería por tanto de extrañar que se reemplace el concepto de smart city por otro nuevo antes incluso de haber conseguido una definición estándar.

“Una acción será smart siempre que proponga soluciones inteligentes y elegantes para los problemas de los ciudadanos en sus ciudades”

Dicho esto, creo en todo caso que estamos en un viaje como el de Ítaca, en el sentido de que todo esfuerzo de sistematización, cuantificación y objetivación del concepto, generará resultados creativos y válidos para ayudar a seguir avanzando en la mejora de la ciudad y de la vida en ella, aunque no se llegue al objetivo último de definir precisa y exactamente qué es una smart city. Y por tanto es también muy conveniente seguir con esos esfuerzos.

En definitiva, soy partidario de dejarle al concepto la elasticidad que naturalmente tiene, y de alentar y admitir en él los esfuerzos y los resultados de todos los actores interesados en mejorar las ciudades, aprovechando del concepto toda la fuerza y la capacidad de mejora que incorpora dentro de esa elasticidad.

Con toda seguridad la respuesta vaya en la pregunta ¿Es una acción de marketing, un paquete de herramientas o una filosofía para la construcción de ciudades del futuro?

En mi opinión es todas esas cosas y muchas más, como se puede deducir de mi respuesta anterior. Y hay que reconocer también que, en no pocas ocasiones, no es otra cosa que puro humo y mareo de perdiz. Y, en estos casos, será lógicamente el buen juicio de los ciudadanos el que acabará aprobando, ignorando o cuestionando abiertamente las aplicaciones pretendidamente smart que se hayan hecho en su ciudad.

P.- ¿Qué define una acción para que pueda considerarse Smart?

R.- Esta pregunta también obtendría muy diferentes respuestas en función de la personalidad y los intereses del entrevistado. Un tecnólogo hablaría probablemente de la aportación de la inteligencia que cabe esperar de los sistemas informáticos y de comunicaciones. En cambio, un ciudadano de a pie probablemente lo hiciera trayendo a colación cómo enfoca su ciudad la mejora de su calidad de vida y la de los suyos, etc.

Ahora bien, como es sabido, el significado de la palabra inglesa incorpora componentes de inteligencia y de elegancia. Y, según eso, una acción será smart siempre que proponga soluciones inteligentes y elegantes para los problemas de los ciudadanos en sus ciudades, de forma que éstas sean cada vez más atractivas para vivir y tengan un mejor desarrollo social, ambiental y económico.

La revolución tecnológica está en marcha: la forma en la que nos comunicamos, llevamos a cabo las acciones más cotidianas o participamos en la sociedad están cambiando a pasos agigantados ¿Existen riesgos de una extrema dependencia a la tecnología y el internet? Es evidente que esa dependencia ya existe. Una caída significativa de Internet tendría hoy probablemente un efecto tan grave o más que una caída significativa en la provisión de energía o de agua o de cualquier otro servicio básico. En un mundo cada vez más tecnológico y conectado, los servicios de las ciudades se vuelven a la vez más sofisticados y más vulnerables a emergencias. Y a ello se suma el eventual aumento de riesgos extremos por efecto del calentamiento global y otras causas tanto naturales como artificiales. Por ello, cada vez se va a tener que prestar mayor atención al concepto de resiliencia de las ciudades, es decir, su capacidad para superar con éxito situaciones de emergencia extrema. En mi opinión, la resiliencia es uno de los valores fundamentales de toda ciudad que quiera considerarse smart, y lo será cada vez más. Y, curiosa y simultáneamente, la tecnología e Internet, por sus propias naturaleza y capacidad, van a jugar un papel fundamental en la mejora de la resiliencia de nuestras ciudades.

P.- Háblenos del concepto Citiness.

R.- Citiness es un concepto creado y desarrollado con mi equipo en Aqualogy que pretende ser comprensivo de la esencia de lo que es ser ciudad para un ciudadano del siglo XXI: un ciudadano que quiere vivir en una ciudad segura, confiable, atractiva para el talento y sostenible social, económica y ambientalmente. Una ciudad, en definitiva, competitiva en el mundo de hoy, a la que la gente quiere ir a vivir porque puede encontrar mejores oportunidades de desarrollo personal, profesional y familiar, y un mayor bienestar.

Así, bajo el prisma Citiness, el reto de las smart cities es conseguir que la tecnología y la innovación se pongan al servicio de ciudadanos y demás actores y responsables urbanos, para impulsar una ciudad agradable para vivir y competitiva económica, social y ambientalmente. Ahora bien, Citiness no es un concepto teórico. Es una idea-fuerza en cuya aplicación práctica Aqualogy vierte su experiencia más que centenaria en la gestión de servicios urbanos. Y la complementa con diferentes iniciativas de innovación abierta, para ganar actividad y posicionamiento en el contexto de la smart city de gestión integrada. El enfoque Citiness pretende así configurar soluciones desde una perspectiva integradora, en la que la tecnología y la economía digital tienen mucho que aportar, pero siempre desde la perspectiva de las necesidades de los ciudadanos.

E-COMMERCE, EL COMERCIO VUELA

Una revolución pacífica se va a instalar en nuestras costumbres sin que apenas nos demos cuenta. Se llama e-commerce y lo impulsa la tecnología. Un hábito tan cotidiano y necesario para todos como comprar, se va a transformar por la gran revolución digital que llega a nuestra vida.

Los llamativos drones que podrían hacer entregas en 2015, según ha anunciado Amazon, son un ejemplo más de esa innovación en la que los players buscan la revolución en este mercado. La innovación no lo será sólo de tecnología o de apps que permitan la movilidad y trazabilidad del producto, sino también la innovación en la gestión, en sus procesos y en los servicios. Por eso, cada vez más, encontramos que grandes compañías hacen inversiones millonarias en algo tan fundamental como la automatización en la cadena de valor de la logística consiguiendo la optimización y agilidad de todo el proceso.

Y también encontramos innovación en la puesta en marcha de todo tipo de servicios para el consumidor, explorando en nuevas vías que ya no buscan sólo la satisfacción del cliente, sino el “engagement” hurgando en sus emociones para diseñar servicios que sean verdaderas experiencias para el cliente. Ejemplos hay muchos y cada vez más. Si una empresa como Rakuten está promoviendo una experiencia en Tokio para dar servicio de entrega al cliente en cualquier punto de la ciudad en un plazo aproximado de dos minutos, es porque el e-commerce es esa revolución que ya está aquí. Por la misma razón que Amazon ha instalado taquillas de recogida en el metro de Londres.

Es un buen momento para el comercio on line. La crisis está pasando de largo para este sector que ocupa a más de 200.000 personas y es probable que se alcancen las 500.000 en el año 2017. España se ha incorporado tarde a este mercado pero la tendencia al alza es sostenida. Un estudio de EAE Business school afirma que los españoles han aumentado sus compras en la red en un 50% en los últimos cinco años mientras que el resto de Europa ha sido de un 43,33% y en la zona euro un 38,71%. En la actualidad hay quince millones de compradores en nuestro país y el sector crecerá un 18% en 2017.

Una revolución cotidiana en la que influirán factores como la energía, los precios de las materias primas, la tecnología y el desarrollo político o los patrones de comercio y consumo por los que se estima que el comercio on line alcanzará el 40% del comercio total en Europa y un 30% en los países emergentes. Los comercios incrementarán el pago con móvil y la promoción en las Redes Sociales, así como la venta on line será la única línea de distribución que aumentará de modo significativo en las empresas.

Y las mujeres parece que tendremos un papel protagonista en este sector porque el 80% de las compras de las empresas son decididas por mujeres y un 89% de las mujeres profesionales se decantan por este tipo de operaciones.

VEREMOS OTROS AEROPUERTOS (1)

 

El aeropuerto Adolfo Suárez Barajas ha abierto recientemente el primer hotel dentro del recinto de sus instalaciones. No es lo que se suele presentar como un establecimiento “muy próximo”, a tiro de piedra de una terminal o en un radio muy cercano… como podrían definirlo algunos folletos de propaganda comercial para captar a viajeros que no quieren acercarse al centro de la ciudad para no perder tiempo. Es una instalación hotelera dentro del mismo aeropuerto donde puedes pasar la noche si tu vuelo sale muy temprano o donde puedes alquilar una habitación por unas horas para ducharte o descansar si tu transbordo es incómodo y donde, incluso, gestionan tu tarjeta de embarque.

Lo recordaba recientemente cuando un conocido comentaba que venía del aeropuerto de Lisboa y se había sentido inmerso en un enorme centro comercial del que también salían a los lados unas conexiones a las pistas para los aviones.

Son algunos indicios de las transformaciones que vamos a vivir a partir de ahora cuando viajemos porque el aeropuerto del futuro ya se abre paso como una de las claves de las ciudades también del futuro. Son otros ecosistemas que se vislumbran para  ciudades que deberán ser sostenibles.

Un reto enorme cuando sabemos que la población urbana aumenta dos personas por segundo, 600 ciudades producen el 50% del PIB mundial y en el 2030 más del 50 por ciento de la población vivirá en núcleos urbanos. Sólo en Europa, el tráfico aéreo se duplicará en ese 2030 de modo que los aeropuertos formarán parte de esa futura ciudad sostenible que se diseña en la actualidad.

BARAJAS8

Los datos nos ayudan a comprender nuestro mundo próximo. Un total de 2,2 billones de pasajeros utilizan cada año la aviación comercial y en el año 2020 puede haber una demanda de hasta 7 billones de viajeros pero con las condiciones actuales solo se podría satisfacer a seis billones. Y va a ser la tecnología la que va a permitir las transformaciones necesarias para conectar personas, objetos, procesos y sistemas, de modo que el funcionamiento de estos aeropuertos inteligentes futuros sea posible y más rentable.

Pero las mejoras tecnológicas no son suficientes. La clave es la conectividad que va a marcar el funcionamiento de todos los agentes de un aeropuerto y también su relación con los otros aeropuertos.

Airports Council Internacional considera que éstos deben adaptarse a las necesidades del crecimiento del número de viajeros y transformarse paulatinamente. En esa dirección, la conectividad será la esencia de nuestros aeropuertos. No importa el tamaño de los mismos ni el volumen de viajeros o de transporte de mercancías que abarquen. Ese es el core, la razón de ser de los aeropuertos en nuestro siglo. Y del mismo modo que ya vemos un hotel dentro del aeropuerto que nos permite no tener que hacer noche en un hotel próximo y nos ofrece un ecosistema autónomo, vamos a seguir viendo muchas transformaciones de esta infraestructura de transporte.

La importancia de la conectividad nos ocupa mucho tiempo a los gestores de los aeropuertos, a los partners, a los proveedores, a las compañías aéreas; y los inversores saben que es vital para sus futuras acciones y que va a determinar la profunda transformación que veremos en los aeropuertos conocidos por todos.