FELICES Y EN LOS DESPACHOS

 

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LD

Parece que ser feliz ha dejado de ser algo obvio y facilón para convertirse en la preocupación de muchos profesionales, consultores y especialistas en relaciones laborales los cuales elaboran muchas teorías sobre la felicidad en el trabajo. Han cambiado tanto nuestras formas de trabajar que no me extraña que una de las conclusiones de estos estudios sea la necesidad de encontrar la pieza que nos hace felices en el trabajo. Pero, para empezar a comentarlo, yo buscaría algún otro término más realista que felicidad. ¿Quizá el bienestar en el trabajo?

Ahora que las nuevas generaciones tienen otros parámetros y ya no quieren coches sino móviles, dejan con alegría los trabajos si no se les ofrece un reto profesional interesante, y son muy exigentes con la parcela de vida personal que no quieren ceder a la empresa, las preocupaciones como la idea de ser feliz empiezan a tomar más relevancia. Tanta que ha llegado a convertirse en una asignatura en la universidad de Harvard donde el doctor israelí Tal Ben-Shahar, experto en Psicología Positiva, que él define como “la ciencia de la felicidad,” asegura que la alegría se puede aprender, del mismo modo que uno se instruye para esquiar o a jugar al golf: con técnica y práctica.

Entre sus recetas, aceptar la vida como es y no exigirle demasiadas expectativas o tener afanes demasiados perfeccionistas. Y entre los factores que no te permiten ese bienestar en el trabajo se encuentran el miedo al fracaso, la obsesión del que nunca encuentra el momento de desconectar, el no tener vida fuera del despacho, el perfeccionismo enfermizo, el no perdonarse un fracaso o un error, el no cuidar su bienestar físico, y no saber simplificar.

En ocasiones se diría que empiezan a entrelazarse las disciplinas de wellness de los gimnasios o centros de meditación con las de los especialistas en clima laboral. Hasta el punto que se han convertido en una industria importante que ha crecido el 10,6% en los dos últimos años. Según el Instituto Global de wellness, esta industria en el mundo vale 3,4 trillones de dólares. Y en eso tiene mucho que ver que ya sea una herramienta o un área que se ha hecho un hueco en el mundo laboral.

Por hacer un contrapeso, recojo la idea de la escuela de Negocios de Rouen, en Francia, con un estudio que asegura que “existe una cierta adicción al trabajo que, lejos de ser perniciosa para la salud y la mente, puede ser constructiva”. Consideran que los workaholic “creen en un equilibrio diferente y se mueven en parámetros de conciliación distintos a los del resto de profesionales”.

Por otra parte, y siendo realistas sobre todo lo felices que podemos ser en el trabajo, si no lo somos, seamos resilientes. La palabra está de moda, pero conviene que no sea pasajera porque tiene que ver mucho con esa tranquilidad, bienestar o placidez, o felicidad. De hecho, su significado original se deriva de un concepto que se ha hecho muy popular con la crisis, que viene de la Física y de la Ingeniería, y con el que se describe la capacidad de un material para recobrar su forma original después de someterse a una presión deformadora. En nosotros, la resiliencia nos permitirá la capacidad de enfrentarnos a circunstancias adversas, a traumas, desgracias imprevistas, a condiciones de vida difíciles, y, finalmente, salir indemne y fortalecido.

No deja de ser positivo que, a las preocupaciones por las cuentas de resultados, competitividad, transformación, digitalización, etc sumemos las teorías sobre qué nos da bienestar. Oxford también se ha sumado a la corriente y ha realizado un estudio que concluye que el trabajador optimista rinde más. “Los empleados felices permanecen el doble de tiempo en sus tareas, tienen un 65% más de energía y su vinculación a la empresa es mayor,” según un estudio de su IOpener Institute. Por eso aumentan las empresas que deciden medir su felicidad. Una tendencia incipiente –son una minoría todavía las compañías que invierten en ello-, pero que poco a poco va calando en la conciencia de las corporaciones.

 

 

CEO en Siemens PPAL, España (empresa independiente dedicada a Soluciones Logísticas para Postal, Paquetería y Aeropuertos); Presidenta de EJE&CON “Asociación Española de Ejecutivas y Consejeras” y Miembro del Consejo de Administración de la organización internacional EFQM (Fundación ubicada en Bruselas con la finalidad de impulsar la Excelencia y Competitividad de las organizaciones y compañías europeas). Comencé mi carrera profesional en el año 97 en el Área de Calidad de Airtel.

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